Últimamente se habla mucho de la reforma laboral. Últimamente hablamos demasiado poco de la crisis, sí, he dicho bien, después de tres años en que los especuladores se han arruinado en favor de las grandes fortunas, en manos muchas veces de personas que dirigen las empresas de otros, la crisis ha dejado de ser tema de conversación.
Salvando las distancias, es como los atentados en Iraq o en Afganistán. Ha llegado un momento en que 50 muertos en un mercado a las afueras de Diwaniya hace vibrar nuestro tímpano mucho menos que la noticia de un Audi A8 fotografiado por un radar de la degeté en una autovía de Toledo a más de 200 kilómetros por hora.
El caso es que la crisis se ha convertido en un ruído de fondo, y después de ver como las listas del paro crecían durante los primeros meses de crisis con cientos de miles de presonas provinientes del mundo de la construcción, el número (que no la cifra, a pesar de los redactores de prensa) ha ido creciendo sin descanso (salvo, como siempre, por las contrataciones veraniegas) hasta colocarse en sus valores actuales de más de cuatro millones de personas en paro.
Pero, ¿de donde vienen esos parados? Los del principio está claro, de la construcción, pero, ¿y todos los demás? Pues no voy a responder a esta pregunta. El que lea esto seguro que puede poner varios ejemplos.
Lo que sí sé con seguridad es de donde no vienen esos parados: no vienen de la administración central, no vienen de las diputaciones, ni de los ayuntamientos. No son maestros ni profesores adscritos al ministerio de educación o similar, no, no son tampoco administrativos de las comunidades autónomas ni personal santiario de la Seguridad Social.
Todos estos (y muchos más) son unos egoistas que no han querido ayudarnos a los demás a conseguir ese gran número de parados españoles. Hemos tenido que hacerlo solos, nosotros los que trabajamos en empresas privadas.
Y una buena parte de esos egoistas los son por partida doble. Además de no colaborar en aumentar el número de parados, no quieren apretarse el cinturón. Ese colectivo que nunca "estará apuntado al paro" dice que no quiere perder un 5% de su sueldo para ayudar a capear la crisis. Ese colectivo se justifica diciendo que "siempre les toca a ellos". Y yo, como muchos españoles, me pregunto, ¿y por qué las crisis siempre llevan al paro a los mismos? ¿Por que no se despiden funcionarios para ajustar los presupuestos de la administración?
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