Thursday, August 12, 2010

All those fucking devices... Capitulo II

Abel tampoco había visto a Samuel caminar hacia él. Acababa de recibir un correo del responsable de sistemas de su empresa en el que le decía que un servidor importante estaba dando avisos de errores en el acceso a disco. Abel tenía 36 años, y era responsable de la infraestructura tecnológica de una pequeña empresa de distribución alimentaria. Tenía una Blackberry que le mantenía en constante comunicación con la empresa. Ya fuese vía correo, SMS o con una llamada telefónica, desde su empresa siempre podían localizarlo estuviese donde estuviese.

Abel era informático de profesión, pero no era un friki. Para él la tecnología tiene que estar al uso de las personas, y no al revés. Hacía unos meses que su jefe le había entregado una Blackberry, y desde entonces se sentía más atado al trabajo, y a menudo no era capaz de desengancharse del móvil. Últimamente empezaba a utilizarlo como si fuera un tamagochi, comprobando si había correo nuevo, mensajes o llamadas perdidas cada pocos minutos.

"Parece importante. Mantenme informado, porfa.", le escribió Abel a su compañero. Justo cuando le dió a la tecla de "Enviar" llegó a la puerta del Abi. Allí había quedado con los colegas para tomarse unas copas y pasar un buen rato. Para Abel, el Abi era un sitio de chavales, pero lo cierto es que el Abi seguía siendo para él "el sitio con las tías más cachondas".

Entró, pidió una copa y se quedó en la barra esperando que apareciesen los colegas. Aún era temprano. Sus amigos solían llegar hacia medianoche, después de haber estado tomando cervezas por la zona de vinos.

Mientras esperaba, una chica que, como él, parecía estar esperando a alguien en la barra, empezó a hablarle. "Está buena", pensó Abel. Así que se enganchó a la conversación. Y acabaron la copa y pidieron otra. Llegaron los amigos de él, y luego los de ella, pero ninguno de ambos grupos quiso interrumpir lo que parecía un buen rollo. Así fue. Bailaron y empezaron a tontear entre copa y copa.

En medio de la pista de baile, con el Abi a medio llenar, Abel sintió una vibración en el bolsillo trasero de su vaquero. Cogió el móvil y encontró un mensaje del trabajo: "Están fallando más servidores. Estamos revisándolo". A abel le dió un bajón momentáneo. No le duró mucho, solo hasta que su pareja de aquella noche lo apretó fuerte por la cintura y lo besó. Cuando aquel primer beso apasionado terminó, enrte las sonrisas de los amigos de ambos, ella le susurró "vámonos a mi casa".

"¡A la mierda los servidores!", pensó Abel.

Se besaron en la puerta de casa, y en el hall, y en el pasillo. Al llegar al salón ya no tenían abrigos ni chaquetas. Besos, caricias, abrazos, susurros.... Sobre la cama tumbados empezaron a quitarse la poca ropa que les quedaba y la pasión incendió aquellos cuerpos casi desnudos.

Dos vibraciones en el móvil de Abel hicieron que se desconcentrase momentáneamente. Pero una caricia pudo acallar al móvil más protestón.

Mientras hacían el amor el teléfono sonó. Ya no era un correo ni un SMS. Alguien llamaba, y seguramente para nada bueno.

-Dame sólo un segundo -susurró Abel en el oído de su pareja.

No volvió a decir una palabra más. Se vistió a toda prisa y se fue a intentar arreglar el desaguisado de los servidores y los discos. Era su jefe, amenzándole con el despido.

Su pareja de aqulla noche tampoco fue capaz de articular palabra.

Abel salió a la calle y empezó a caminar hacia su coche maldiciendo, con un cabreo monumental, incapaz de explicar su propio comportamiento.

Mientras esperaba en la Avenida J. Pérez para cruzar y subirse al coche pudo escuchar la conversación de dos jóvenes que pasaban a su lado, seguramente en dirección al Abi.

-PlanetLocate, se llama, solo lo hay para iPhone de momento, yo estoy esperando a que saquen la versión para Siemens -dijo Luis.
-Ya, ya veo -respondió Moisés-. Voy a ver si la bajo del AppStore.

No comments:

Post a Comment