Que nadie piense que me gusta llamar la atención, ser distinto o "alternativo". Tampoco quiero que parezca que las nuevas tecnologias me sobrepasan, o que soy un poco "pureta" para usar facebook.
No, no es por ninguna de estas razones por lo que no soy de facebook (o de buzz, o de wave, o de... loquesea-punto-com). Recientemente se ha publicado una noticia que cuenta que facebook supera en visitas a Google en Estados Unidos. Y esto me ha llevado a hacerme una pregunta: "¿Por qué ser de facebook?". Es una pregunta interesante, pero creo que la respuesta no lo sería tanto. A mi modo de ver, la pregunta verdaderamente interesante es "¿Para qué ser de facebook?".
He de ser sincero. Fui de facebook una hora y cuarto. Hace unos seis meses, cuando la palabra facebook era mas frecuentemente utilizada en las conversaciones de la calle que la palabra crisis, no me pude resistir y me di de alta. Lo cierto es que me pudo la curiosidad, así que "me hice de facebook", y esto es lo que paso.
"Ah, esta bien, tiene un interface de usuario muy chulo", pensé... Los amigos, "el muro" (me costó entender para que sirve que otros escriban cosas en tu muro, o escribir en el muro de otro, pero conseguí entender su funcionamiento), el chat (me recordó mis tiempos de mIRC), las fotos ("¿Ya no hace falta flickr? ¡Qué guay!", pensé).
A los 15 minutos, después de navegar un rato por facebook para explorar las posibilidades que me ofrecía, me apareció un texto en la pantalla de un tal Daniel, que decia:
"Hola, que bueno, tú por aqui. Tenemos que quedar." Gracias a mi educacion de colegio de curas encontré la respuesta correcta para Daniel.
"Si", le contesté.
Inmediatamente fui a mis contactos para ver como era posible que Daniel X (por centrar el tema) supiese que yo me acababa de hacer de facebook, y nada más ver mi lista de contactos me quedé horrorizado. Teniendo clara la diferencia entre “amigo” y “conocido”, de repente me encontré con un montón de "desconocidos en mi lista de amigos". Un montón de personas, servicios de soporte y listas de distirbucion de correo pasaron a ser amigos míos.
Era tarde, estaba cansado, y mi mente se evadió imaginandome tomando una caña con listserv@mvssupport.com, unas copitas con atencionalcliente@samsung.es o un café (no podia ser de otra forma) con no_reply@nespresso.es. En definitiva, mis amigos de toda la vida.
Cuando mi mente volvió a la realidad recordé lo que me disponía a hacer antes de descubrir a mi nueva pandilla: buscar a Daniel X.
Pasé unas cuantas páginas y por fin lo encontré. No tenía foto. !Vaya por Dios! Me quedé como estaba... o peor. En realidad encontré a Daniel Z y a R Daniel, y no conseguí saber quien era ninguno de ellos. Eso me irritó conmigo mismo, ¿cómo podía tener un par de amigos Daniel y no conocer a ninguno?
Entonces fue cuando me entró lo que yo llamo “el espiritu facebook”, o sea, las ganas de comunicarse. En un impulso de comunicarme con la sociedad web (es lo que podriamos llamar un impulso 2.0), hice click en el chat y le escribí a Daniel, decidido a resolver el problema identitario que se me acababa de plantear cuando aun no llevaba ni media hora en facebook.
Y justo cuando iba a quedar fatal con una frase del tipo "oye, ¿tú que Daniel eres?", mi educación de Jesuitas afloró de nuevo y mis dedos, ignorando las órdenes de mi cerebro, escribieron: "Ok, ya hablaremos. Bye", y cerré el chat. Como odio el poco control que tengo sobre mi mismo.
Y en estos pensamientos estaba mientras dinavegaba por la web (es como navegar pero haciendo click sin rumbo fijo), cuando me di cuenta de que alguien ACABABA DE DEJARME UN MENSAJE EN EL MURO.
"Hola soy Ana."
“GRRRRLLLLL”, pensé, "la historia se repite".
Me fui a los contactos y encontré a mi hermana, con su respectiva foto (que no me sirvió de nada, ya que los apellidos por sí solos ya me resultaban familiares...), y otras dos Anas, una de ellas con foto, a las que, os lo prometo, no conocía de nada.
Decidí dejar los contactos y hacer algo útil.
Al cabo de 20 minutos dinavegando por facebook, encontré la respuesta a la pregunta en cuestión. "Facebook a mi no me sirve para nada". Así que llamé a mi amigo Jorge para quedar con él para charlar, y quedamos para tomar unas cañas.
Finalmente llegué a la conclusión de que lo que tenía que hacer era darme de baja inmediatamente en facebook. Y esto me disponía a hacer cuando el chat se abrió de nuevo.
“GRRRRLLLLL”, pensé de nuevo.
Abrí el chat. Era Daniel X.
“GRRRRLLLLL”, volví a pensar.
Lo peor fue el mensaje de Daniel: “Oye, perdona, creo que me he confundido de Julio”.
Me di de baja y me fui. Estuve charlando con Jorge, contándole una preocupación que tenía… Y nos tomamos unas cañas. Y llamamos a Alberto, que se unió al grupo. Y encontramos a Róber, y celebramos San Patricio, y charlamos largo y tendido de nuestras cosas.
NOTA: la no publicación de este pseudo-artículo es el que me divorció de Suite 101, ya que no se publicó por las siguientes razones: "Hola Julio, me veo en la obligación de poner off-line tu texto pues carece de información objetiva ya que sólo te limitas a contar tu experiencia en Facebook. Suite101 es una página de información, no de opinión. Además, carece de elementos básicos de un texto de Suite como los ladillos y los enlaces internos, por no mencionar las innumerables faltas de ortografía del texto o las palabras inventadas. Si replanteas el texto y cumples las normas de estilo de Suite no habrá ningún problema en volver a ponerlo on-line. Un saludo, Pablo López Herrero"
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