Thursday, March 9, 2017

Selected psychologist files. Sample 3 (II).

Paciente número 3.882, J.F.

 
Sesión 3 (Grabación 9.312, 9 de Marzo)
 

Verá, soy escritor. Escribo algún libro de vez en cuando, aunque no es mi forma de vida, simplemente me relaja pensar en una historia vacía e ir llenándola con matices y detalles. Inventar los personajes y los lugares en los que viven, tener la capacidad de decidir cómo es cada uno de ellos, y sobre todo poder decidir lo que le va a ocurrir a cada uno; cómo se relacionan entre ellos, lo que les preocupa, lo que quieren conseguir. En fin, a veces me parece que juego a ser el Gran Hermano. O incluso Dios.

No, no se preocupe, no vengo a estas sesiones porque me crea Dios, o porque quiera serlo. Es solo una analogía. Como le decía, es como comprarse una casa y empezar a amueblarla y decorarla hasta que esté a tu gusto. Es solo un hobby.

Y también escribo artículos en un blog. No es un blog de moda, de tecnología o de trucos caseros; lo que publico son simples relatos que toman diferentes formas. Puede ser una historia de una persona, puede ser un pensamiento, puede ser una reflexión o un recuerdo, ya me entiende. Son algo así como cuentos cortos.

Al principio me resultaba muy divertido, porque muchas veces me pasan ideas por la cabeza para escribir una historia, pero, o no tienen suficiente entidad para convertirse en una gran historia, en un libro, o simplemente mi estado de ánimo me pide escribir algo rápido, solo desarrollar un pequeña historia y escribirla. O incluso escribirla a medida que la voy pensando.

He escrito relatos que hablan de relaciones sociales, relatos que hablan de amores no correspondidos, de otras vidas… Lo cierto es que hace ya varios años que mantengo el blog abierto, y publico algún artículo de vez en cuando. Y aquí viene mi preocupación.

Las historias que cuento en el blog han ido cambiando el tono progresivamente. A lo que me refiero es a que los argumentos, los contenidos, siguen siendo completamente diferentes entre unos relatos y otros, pero por algún extraño motivo, cada vez se han ido volviendo más negativos. Y con «negativos» quiero decir que siempre acaban con finales infelices, y nunca pasa nada bueno. Los relatos que he escrito en los últimos años acaban todos mal.

Y lo que es más grave. Aparte de ese pensamiento negativo que transmiten las historias, poco a poco los temas que reflejan los relatos han ido dejando de ser diferentes. Ahora sólo escribo sobre la muerte. Fíjese hasta qué punto de vista esto es preocupante: el único relato en positivo que he escrito en los últimos años fue uno que presentaba la muerte como algo liberador cuando la vida es tan difícil de vivir que la muerte supone un alivio.

Bueno. En realidad me gustaría decirle que esto no es así, pero los relatos están ahí, y sí, hablan de la muerte, pero el tema en realidad no es ese. Si se lee entre líneas lo que se refleja continuamente es el dolor. Nunca hablo de muertes prematuras, o de muertes instantáneas. Nunca hablo de personas que se mueren sin que nadie lo sepa, siempre hay un dolor previo a la muerte, o un dolor por el vacío que genera.

Es una mezcla de dolor que no puede ser aliviado con el peor reflejo de la impotencia ante una situación inevitable, normalmente la muerte, claro.

Sinceramente, no sé qué me preocupa más, si mi falsa obsesión por la muerte o mi preocupación por el dolor.

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