Tuesday, March 20, 2012

Parallel lifes. Sample 2 (I)

En pleno invierno del año 1023, a dos días de la Navidad, don Nuno Jopia, el sobrino favorito de Paulo Curvelo, volvía a casa después de una larga campaña de batallas y conquistas cerca de la frontera de su condado, Bragança, con el condado de Lima.

Nuno era un regidor poco o nada belicoso, debido en gran parte a la educación abierta que de joven recibió de su tío Paulo, pero los inicios del siglo XI estaban siendo muy complicados en el reino de Galicia, y, para las tierras más alejadas de Coimbra, la capital del reino, conseguir mantener las fronteras en su sitio era una labor complicada.

Hacía más de dos días que había iniciado la vuelta a casa, y no había parado de cabalgar en dirección al corazón de su reino, a lo largo de montes y valles prácticamente deshabitados de la zona interior de Galicia.

Desde la almena los guardas reconocieron a su amo con sus acompañantes, y se apresuraron a abrir las enormes y fortificadas puertas del castillo. Don Nuno no dejó de galopar hasta alcanzar el centro del castillo. Bajó del caballo y voz en grito convocó a sus consejeros en “la Condal”.

Unos minutos para comer algo, beber un poco y, con el mismo aspecto con el que acababa de llegar de un viaje de dos días se presentó en su particular sala de reuniones del castillo, la Sala Condal.

Sus ocho consejeros aguardaban sentados en la sala, en silencio, expectantes. Hacía bastantes semanas que no veían a su Señor, y ahora estaban intrigados con el estado de las conquistas y las nuevas que les pudiera traer.

—Buenas noches. Caballeros… ¡El norte es nuestro! Tres semanas y media de batallas y por fin los límites de Bragança se han extendido hasta el mar.

Bebió un poco de vino mientras sus consejeros se felicitaban por las hazañas de su Señor.

—Desde que yo soy Conde De Bragança, aquel pequeño pueblo de Galicia, Bragança no ha dejado de crecer. Mis tierras, nuestras tierras, crecen día a día. Solo nos falta una cosa: gente para trabajarlas. Bragança es grande, nuestras riquezas se acumulan por todas las esquinas del castillo, pero no podemos crecer sin tierras. No podemos ser más ricos si no tenemos campesinos que las trabajen. No podemos ser más ricos si no encontramos quien pague los impuestos. La verdad es que a veces me resulta difícil entender cómo hacemos para conseguir que estos gañanes nos trabajen las tierras y además nos den todos sus frutos.

Grandes carcajadas entre los caballeros.

—Señores, mañana me voy de nuevo al amanecer. Lisboa debe caer.

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