Monday, October 29, 2012

Anna is dead (I).

Solo teníamos que despedirnos. Era un mero trámite después de unos días de vacaciones juntos. Hacía un par de meses que no nos veíamos, y aunque manteníamos contacto por distintas vías (teléfono, correo electrónico, mensajes), el contacto físico crea un vínculo difícil de igualar; imposible, en realidad, para la mayoría de las personas.

“Hasta luego, nos vemos en Navidad”, dijo una. “Ale, que en menos de dos meses ya vas por allá. Besitos”, añadió otra. “Bueno, pues que vaya todo bien”, dijo otra.

“Sí, las vacaciones de Navidad están ahí, a la vuelta de la esquina”, dijo Anna. No sonó nada convincente, y sus labios se tensaron, dando la sensación de estar apretando los dientes. Sus labios se tensaron, dando la sensación de estar ocultando algo, dejando claro que lo que oíamos y lo que veíamos no podía concordar. Nos intercambiamos besos y abrazos de despedida.

Me di la vuelta y empecé a caminar, con mi trolley, intentando zanjar de raíz lo que parecía que iba a convertirse en algo doloroso. Anna y Joseph debían caminar hacia un lado de Old Compton, el resto debíamos caminar en sentido contrario. Di un par de pasos mientras escuchaba los últimos hastaluegos y buenviajes. Como me pareció que no me seguían dejé de caminar, me volví y la vi llorando.

La observé menos de dos segundos, noté como mis ojos se vidriaban, y me obligué a no dejar escapar ni una sola lágrima. Me di la vuelta y seguí caminando. Esta vez sí, el resto me siguieron. Supongo que vieron que no tenía sentido alargar más aquella despedida y decidieron ponerle fin.

Caminamos durante media hora hasta llegar al autobús, todos en silencio, cada uno con su equipaje. Podía escuchar el pensamiento de cada una de ellas, pero eso no me distraía. El semblante triste de Anna, sus lágrimas empezando a caer por su cara, y la tristeza que transmitía aquella mirada perdida volvían una y otra vez a mi mente.

Pasaron varias horas hasta que me quedé solo por primera vez, después de varios días en Londres, reunido con la familia. Pocas veces coincidíamos todos, así que un viaje familiar para visitar a Anna era una buena excusa.

Cuatro días en familia unen mucho. A pesar de lo complicado que es viajar en grupo, las ganas de disfrutar de la familia hacen que minores los inconvenientes.

Ahora estaba sólo, conduciendo hacia casa, cerca ya de la una de la mañana, cansado después de varias horas de viaje entre autobús y avión. La tristeza de Anna se me apareció una vez más, y fue entonces, en la soledad de la autopista cuando pude dejar volar mi imaginación, y mis recuerdos fluyeron por sí solos.

No comments:

Post a Comment